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viernes, 10 de julio de 2009

La innovacion se da la borde del caos

Supongamos que la siguiente figura es el perfil de una ola. Este gráfico (Battram, 2001) nos servirá para ilustrar la innovación y por ello lo dividimos en 4 regiones.

ola-innovadora2

En la primera parte, a la izquierda, las cosas están tranquila, hay paz, comodidad, equilibrio. En la segunda región hay orden. Orden significa que una ola sigue a la otra de manera más o menos predecible. En la tercera región hay complejidad, es la emergencia de un nuevo estado. En la cuarta región hay caos, es decir efectos absolutamente impredecibles.

Estas regiones nos sirven para decir lo siguiente sobre la innovación. El surfista se coloca en el tubo de la ola, más precisamente en el borde del caos. En ese punto hay creatividad, adrenalina, desequilibrio, arte, gracia a diferencia de la primera región, que representaría un status quo. En el borde hay innovación, no en el caos. Ello quiere decir que la innovación no es romper todo lo establecido y crear algo absolutamente algo inédito y diferente. La innovación se fundamenta en estándares. Sí, en estándares y protocolos de interacción para que prospere. Piense en las memorias flash. Si cada empresa productora de memorias tiene su propio modelo y su propio acoplamiento, sería para los usuarios imposible intercambiar archivos con esos dispositivos.

Pero la innovación desde el ámbito organizacional, significa desequilibrar, trabajar al borde del caos. Tensar la cuerda quizás, sin ser disfuncional, dentro de unos protocolos de interacción con el entorno. Finalmente allá la lleva la competencia, los clientes. el mercado etc. Allá se encuentra con los retos adaptativos, por lo que no puede tratarlos como retos operativos desde la comodidad de la primera región. Para ello tiene que trabajar duro y de manera continua en la cultura organizacional.

Muchas personas y organizaciones, entre ellos los telecentros quieren ser innovadores, pero en realidad están en la primera región y desde allá quieren los grandes cambios, las grandes transformaciones. No están dispuestas a desequilibrarse cuestionanando sus prácticas, sus creencias, sus formas de hacer las cosas. Haciendo las mismas cosas siempre y esperando resultados diferentes.Todos tenemos que entender que innovar o, si se quiere, progresar, significa descreer de lo que tenemos aquí y ahora. Que no se trata sólo de mejorar, sino que se trata de desechar viejos paradigmas.

En la vida uno quiere que algunas cosas permanezcan en el tiempo: el amor de nuestros hijos, de nuestros padres, incluso de nuestra esposa, etc. Queremos estar en esta primera región, pero simultáneamente queremos innovar, cambiar, cosa que puede ser dolorosa. Esa es una contradicción fundamental que nos atrapa todos los días a los seres humanos. Cuando un gremio o un grupo de empresarios o el sindicato de profesores presiona al gobierno para que los proteja frente a la competencia, o le otorgue incentivos o no les obligue a mecanismos de evaluación, están anclados en esa primera región. Sin embargo no es raro que deseen el cambio y la innovación, pero aspiran a que no sean dolorosas: sólo desean sus beneficios. Y lo uno sin lo otro es imposible. Como querer ganar el Roland Garros sin exigirse como atleta, sin desequilibrase.

En el fondo esto es darwiniano. El sapo y la mosca están en una carrera evolutiva. El sapo quiere atrapar la mosca, pero ésta desarrolla mecanismos para volar. El sapo puede desarrollar una lengua más larga, verrugas, pegamento, lo que sea, pero la mosca puede responder con agilidad, patines deslizantes, lo que sea para sobrevivir. Hay un desequilibrio permanente y eficiencia biológica. Nosotros no somos diferentes, no nos podemos sustraer a nuestra biología. Lo vemos todos los días.

Y como somos biológicos, diseñamos nuestras organizaciones a nuestra imagen y semejanza, pero pensamos y las gestionamos como si fueran mecanismos de relojería: estables, predecibles, lineales, controlables. Resulta que no. Que pocas cosas son estables, que no podemos predecir, que no podemos controlar y que somos no lineales. Nuestro drama está en que no entendemos que las cosas pueden escapar de nuestras manos, como la vida misma. Hay que volver a la naturaleza y ver cómo funciona y cómo resuelve sus conflictos cómo se adapta, cómo funcionan sus jerarquías, cómo crea, cómo innova. Ahi aprenderemos mucho para nuestras organizaciones. Por lo pronto la clave están en desequilibrar para innovar.

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Battram, Arthur, Navegar por la Complejidad: Guía Básica sobre la Teoría de la Complejidad en la Empresa y la Gestión, Ediciones Granica, Barcelona, 2001, pag. 138

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